Si logran ganar, o incluso si ganan a medias, el legado más importante del Tea Party puede ser organizativo, no político.
— Jonathan Rauch

Al igual que nosotros, es probable que usted esté muy en desacuerdo con los principios y posturas del Tea Party. Pero todos podemos aprender de su éxito para influir en el debate nacional y el comportamiento de los responsables políticos nacionales. Hay que reconocerles que pensaron a fondo sobre las tácticas de promoción que usaron, como lo demuestra esta guía filtrada de “prácticas recomendadas”.

Este capítulo se basa tanto en la investigación como en nuestras propias experiencias como ex-funcionarios del Congreso para ilustrar las fortalezas del movimiento del Tea Party y para proporcionar lecciones que se pueden aprovechar en la lucha contra el racismo, el autoritarismo y la corrupción de Trump.

Las dos decisiones estratégicas claves del Tea Party

El éxito del Tea Party se basó en dos elementos estratégicos críticos:

LO QUE LOGRÓ EL TEA PARTY RAZONES POR LAS QUE NO SOMOS EL TEA PARTY
El Tea Party se organizó para poner fin a la esperanza de reforma progresista bajo Obama. Sus miembros: Las ideas del Tea Party eran incorrectas, y su comportamiento era frecuentemente horrible. Sus miembros:
• Cambiaron votos y derrotaron legislación • Ignoraban la realidad e inventaban sus propios hechos
• Obstruyeron radicalmente la creación de políticas federales • Amenazaban a todos los que consideraban enemigos
• Forzaron a los Republicanos a rechazar compromisos • Asaltaban físicamente y escupían a funcionarios
• Manipularon el debate nacional sobre la agenda de Obama • Gritaban obscenidades y quemaban a personas representadas en muñecos
• Pavimentaron el camino para la toma de posesión del Congreso Republicano en 2010 y la victoria de Donald Trump de hoy • Expresaban su odio no sólo en el Congreso, sino también frente a ciudadanos (especialmente la gente de color)
Estos fueron resultados reales y tangibles del accionar de un grupo que representaba sólo una pequeña porción de los estadounidenses. Nosotros somos mejores que eso. Somos la mayoría, y no necesitamos tácticas de miedo para demostrar que nuestra causa es justa.

1. Se organizaron localmente. El Tea Party comenzó como un movimiento orgánico basado en pequeños grupos locales de conservadores dedicados. Sí, recibieron algún apoyo / coordinación desde arriba, pero fundamentalmente todo el alboroto fue causado por un número relativamente pequeño de conservadores que trabajaban juntos.

  • Los grupos comenzaron con conservadores descontentos que conversaban entre si por internet. En respuesta a los rescates bancarios de 2008 y la elección de Obama, comenzaron a formarse grupos para discutir su enojo y lo que se podía hacer. Finalmente, se dieron cuenta de que los grupos de discusión locales podrían ser una herramienta poderosa.
     

  • Los grupos eran pequeños, locales y dedicados. Los grupos del Tea Party locales podían llegar a ser menos de 10 personas, pero estaban altamente localizados y dedicaban tiempo y recursos personales considerables. Los miembros se comunicaban con regularidad, seguían de cerca los acontecimientos en Washington y coordinaban esfuerzos de promoción conjuntamente.
     

  • Los grupos no eran muchos. El Tea Party no fue cientos de miles de personas que pasaban cada hora que estaban despiertos trabajando. Los esfuerzos fueron, más bien moderados. Sólo 1 de cada 5 miembros autoidentificados como miembros del Tea Party contribuyó con dinero o asistió a eventos. En un día típico del 2009 o 2010 sólo 20 eventos locales—reuniones, entrenamientos, town halls, etc.—fueron programados a nivel nacional. En resumen, un número relativamente pequeño de grupos tuvieron un gran impacto sobre el debate nacional.

2. Estaban casi puramente a la defensiva. El Tea Party se concentró en decirles NO a los miembros del Congreso en su propio terreno. Aunque los activistas del Tea Party estaban unidos por un núcleo de creencias compartidas, evitaban activamente desarrollar su propia agenda política. En cambio, tenían una extraordinaria claridad de propósito, unidos en oposición al Presidente Obama. No aceptaron concesiones y trataron a los Republicanos débiles como traidores. En resumen: 

  • Los grupos se centraron en la defensa, no en el desarrollo de políticas. El Tea Party comenzó en el 2009, enfocándose en la lucha contra todas las propuestas que salieron de la nueva Administración Democrática y el Congreso. Este enfoque defensivo en vez de uno enfocado en desarrollo de políticas propias, permitió que el movimiento evitara fracturarse. Es posible que los miembros del Tea Party no estuvieran de acuerdo sobre cómo reformar las políticas públicas, pero pudieron estar de acuerdo en que había que impedir a Obama, los Demócratas y los Republicanos moderados que actúen.
     

  • Los grupos rechazaron concesiones a los Demócratas y atacaron a los Republicanos débiles. Los miembros del Tea Party veían las concesiones a los Demócratas como una traición. Esto limitaba su capacidad para negociar, pero no les importaba. En cambio, se centraron en asustar a los Demócratas del Congreso y en responsabilizar a los Republicanos. Como resultado, pocos Republicanos hablaron en contra del Tea Party por temor a sufrir represalias.
     

  • Los grupos se centraron en la representación local del Congreso. Los miembros del Tea Party aplicaron más que nada esta estrategia defensiva, presionando a sus propios miembros locales del Congreso. Esto significaba exigir que sus propios Representantes y Senadores fueran la voz de su oposición en el Capitolio. A nivel táctico, el Tea Party tenía varias prácticas replicables, incluyendo:

    • Presentarse en las reuniones de Town Hall a exigir respuestas
       
    • Acudir a las oficinas de los representantes a exigir reuniones
       
    • Coordinar llamadas en masa a las oficinas del Congreso en momentos claves

Cómo usar estas lecciones para luchar contra la agenda de Trump:

Durante los próximos dos años, Donald Trump y los Republicanos del Congreso controlarán el gobierno federal, pero dependerán de casi todos los miembros del Congreso para conseguir que las leyes sean aprobadas. Esos miembros del Congreso se preocupan mucho más por ser reelegidos que por cualquier tema específico. Al adoptar una estrategia defensiva que presione a los congresistas, podremos lograr los siguientes objetivos:

  • Acorralar la agenda de Trump, forzándolos a redirigir la energía lejos de sus prioridades. Las oficinas del Congreso tienen tiempo limitado y un número de personas limitadas. Un día que pasen preocupándose por usted es un día que no están usando para poner fin al Medicare, privatizar escuelas públicas o preparar un registro de musulmanes.
     

  • Disminuir la voluntad de los congresistas de apoyar o impulsar el cambio reaccionario. Si esto se hace bien, tendrá un gran impacto. Cada vez que su miembro del Congreso firme un proyecto de ley, tome una posición o haga una declaración, una pequeña parte de su mente estará pensando: ¿Cómo voy a explicar esto a los constituyentes enojados que siguen apareciendo en mis eventos para exigir respuestas?
     

  • Reafirmar la ilegitimidad de la agenda de Trump. La cruda verdad es que Trump, McConnell y Ryan tendrán los votos suficientes para causar daño, pero al oponerse a su agenda lo más fuerte posible y al centralizar las voces de los más afectados por su agenda, se puede asegurar que las personas comprendan exactamente lo dañinas que son estas leyes desde el principio—preparando así el terreno para las elecciones de medio término en 2018 y su derogación cuando los Demócratas retomen el poder.

¿NO DEBERÍAMOS PROPONER UN PROGRAMA ALTERNATIVO Y POSITIVO?

Una estrategia defensiva no significa abandonar las prioridades de políticas propias o permanecer en silencio sobre una visión alternativa para nuestro país durante los próximos cuatro años. Lo que significa, es que cuando usted esté tratando de influir a su congresista, tendrá mayor influencia si se concentra en la prioridad legislativa del momento.

Puede que no le guste la idea de quedarse puramente a la defensiva; ciertamente a nosotros tampoco. Como progresistas, nuestra inclinación natural es hablar sobre las cosas que apoyamos: la acción contra el cambio climático y la lucha por justicia económica, salud para todos, equidad racial, de género y de orientación sexual, paz y derechos humanos. Estas son las cosas que nos movilizan, pero la dura verdad de los próximos cuatro años es que no vamos a decidir la agenda legislativa. Trump y los republicanos del Congreso lo harán y tendremos que responder. La mejor manera de defender a los valores progresistas y las políticas que queremos es estar juntos, indivisibles y tratar ataques contra un individuo como un ataque contra todos.